Juan Domingo Farnos

Estamos ya dentro de un sustrato nuevo culturalmente que engloba una base social, económica, educativa, política, económica, soportado por unas tecnologías digitales y una inteligencia artificial (con dispositivos inteligentes bajo el paraguas 5G) que están construyendo un andamiaje hasta ahora nunca visto.
Todo ello nos da la capacidad de creación de una nueva universidad (la podemos llamar “Universidad disruptiva) que se adentra dentro de esta nueva sociedad como nunca antes lo había hecho, lo cual permiten unas sinergias cognitivas muy superiores a las que poseían lo que entendíamos por aprendizaje en el siglo XX.


La universidad si quiere servir a la sociedad deberá adentrarse en los campos de la sostenibilidad climática, en buscar soluciones a la hambruna que se está produciendo en gran parte del mundo a través de la simulación con tecnologías inteligentes para que la agricultura se desarrolle en todas las partes del mundo y que llegue a todas las personas.

Necesitamos des de ya los “COBOTS“(( robots colaborativos que sirven para automatizar procesos industriales, ya sean procesos repetitivos, manuales o que pongan en peligro a las personas, pueden realizar tareas que pueden suponer un riesgo para la salud, o aquellas en las que se requieran temperaturas extremas o con piezas cortantes o tóxicas para humanos. )) que permitan facilitar y agilizar dinámicas para solucionar los problemas a gran velocidad y que las soluciones puedan aplicarse en el momento que hagan falta y en el lugar que se necesiten.
Los estados deben entender que no pueden seguir siendo CORPÚSCULOS AISLADOS, eso significaría una brecha de difícil superación incluso para las máquinas. Necesitamos una gran “burbuja” que nos cobije a todos y en la que podamos vivir y hacer las cosas de manera colaborativa y en red, muy importantes estos dos conceptos ya que aúnan lo mejor (excelencia personalizada) de las personas, aprovechando estos valores diferenciados para crear valores añadidos de los cuales se puedan servir todas las personas del globo.


El trabajo y el aprendizaje entendidos ya como un solo elemento marcarán una clara transformación de lo que han sido en el siglo XX, con nuevas formas de distribución de tareas de las personas en industrias y servicios inteligentes que a medida que los utilicemos aprenderemos como elementos revertibles para su utilización en otros.
Nuestro aprendizaje se irá desarrollando pues de manera permanente y continuada, pero no en vistas a la adquisición de un conocimiento (ahora lo llamamos cultura general) que ya tenemos en la red y con el cual podemos estar conectados siempre, si no en pro de adquirir competencias, habilidades, planteamientos de problemas y retos…que facilitarán las permanentes innovaciones, por una parte y las posibles disrupciones que se presenten en cualquier espacio y tiempo.


Por tanto organizaciones actuales como la empresa, la universidad, la escuela y figuras como el empleo ,el trabajo mismo, las propias industrias… serán espacios que “ayudarán” bajo las nuevas premisas (que hemos detallado) pero nunca será “lugares” estancos y cerrados donde se juzga lo que hacen las personas, en el siglo XXI esto ya no existirá como tal, todo será proactivo, autónomo y automático.


Los automatismos que se van a crear, el software que vamos a utilizar será de una operatividad tal que los vestigios del pasado se quedarían inoperables ((nunca podrían actualizarse)), por lo que ya no tiene sentido hablar más de ello en los términos que siempre lo hemos hecho.
Estamos ahora en un impás si la sociedad que vendrá estará “sin aprendizajes y sin empleo” y me explico, veremos si la propia sociedad nos adjudicará roles que ya llevarán implícitos los dos aspectos con lo que el desarrollo será ya inherente a las personas y a las máquinas de manera conjunta.


Nuestro macroescenario caracterizado por un espacio y un tiempo automatizado (robótica), cognitivo (inteligencia artificial), biológicamente desarrollado y de acceso ilimitado a datos (5G y seguramente 6G)) donde es preciso ajustar y asentar un sofisticado presente digital, líquido y exponencial, para vivir en un futuro global, en red y abierto a todos.
“Ya nadie se quedará atrás”, será imposible, cada uno tendrá su nuevo rol, por tanto cuando hablamos de la refundación del trabajo y el aprendizaje ya se puede entender más fácilmente y que lo de agarrarnos a organizaciones ye instituciones completamente obsoletas no tiene sentido.

En cambio si lo tiene cuando decimos que “no vale la pena sostener un sistema” que ya ha “caducado” (finito) .que nuestras miras deben ir hacia el futuro y un presente que también lo es, es a todas luces muy clarificable.
Temas como la ética, la privacidad … no pueden discutirse en el sentido que tienen actualmente porque mañana no se parecerán en nada a como lo hemos venido pensando.


El trabajar de manera “repartida” como hemos dicho, los horarios laborales (ello implica también obviamente los propios de aprendizaje), jornada laboral, las rentas mínimas vitales etc…son ya algo que ni siquiera deberíamos plantearnos porque son de “obligado cumplimiento” en la nueva sociedad que estamos construyendo.
Es cierto que los académicos nos vanagloriamos de decir que las personas van por encima de las tecnologías, es así y siempre lo será pero las nuevas tecnologías digitales, las cognitivas que llevan a las inteligentes, generarán estados de humanidad mucho mayores que los de ahora donde la propia intuición (como suelo explicar en mis conferencias), regenerará espacios de empatía y creatividad nunca antes vistos, llegando a puntos de evolución exponenciales y hasta granulares.

Los políticos y los gobiernos no se digitalizan por pánico, sintiendo la misma obligación de hacerlo. Hay quien vive anclado en un pasado, ausente a móviles y redes digitales, que no volverá. Muchos prefieren ignorar el desempleo que traerán las maquinitas. Los políticos buscan votantes y el miedo puede alejarlos.

La quinta revolución industrial será la de la inteligencia cognitiva y el mundo automático. Lo dijo Ylva Johansson, exministra sueca de Empleo, cuando un líder sindical le preguntó si le daba miedo la nueva tecnología: “No. Lo que da miedo es la vieja tecnología”:

¿Quién protegerá, no los puestos de trabajo, sino a los trabajadores?

¿Quién capacitará a la gente para nuevos trabajos cuando desaparecen los que había? Noruega, Finlandia y Dinamarca apuestan por la innovación privada sujeta al liderazgo de lo público.

“¿Qué hacen en Suecia para garantizar la innovación? Sencillamente, garantizarla.

En Silicon Valley, el riesgo es consustancial a la innovación, pero en Europa no estamos ni cultural ni estructuralmente preparados para ello. Tal vez por eso hay que buscar un método distinto. El enfoque de Suecia supone hacer avanzar la innovación manteniendo suficiente colchón ante posibles fracasos”. El futuro es hoy. Entren en él. Queda atrás, muy atrás cuando atábamos los perros con longanizas.

La personas serán siempre el centro del “juego”, todas personas podrán ayudar a los demás, aunque denoten mayor experiencia, trasladándose entre todos metodologías y experiencias de manera automatizada gestionando y analizando datos que puedan ayudar de manera proactiva , por lo que la anticipación a lo que va a suceder será un elemento básico en la evolucion de nuestro tiempo, evidentemente un tiempo disruptivo.

juandon