Juan Domingo Farnós Miró

 

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En la sociedad de hoy florece un fenómeno que le voy a poner el nombre de #YoUniversidad, en el cual se reflejan deferentes de posicionarse y de entender la universidad.

Cuando algo me pertenece lo defiendo de cualquier de las maneras posibles para que permanezca siempre como la he visto y en la cual me he desarrollado.

Debido a esto se produce un efecto “excluyente”, es decir, cualquier persona que entre en ella con una idea diferente a todo lo preestablecido en la misma, no será bien recibido y por tanto se le verá como un “antisistema” que viene a perturbar la paz de la misma. (nuestros posicionamientos Pero ese aprendizaje ahora está refrendado de manera científica y no es que de ello ya no hablaran los “viejos rockeros de la pedagogía”…Freinet, Freire, Dewey….y ahora Jay Cross, Charles Jennings, Harold Jarche, Jane Hart, Juan Domingo Farnos, Antonio Delgado…y cada vez más, de los que parten de la innovación más profunda (no incluyo los que realizan buenas prácticas) porque estos van por otro lado del “cuadro”, son necesarios para manetenernos la “sociedad activada”, pero cada vez más somos los que cruzamos las líneas rojas, Fernando Saez Vacas, Roger Schank, David Wiley, Stephen Downes, George Siemens, Juan Domingo Farnós…, los cuáles nos enfrentamos no con el sistema, ya que como solemos decir, “el peor antisistema es lo que algunos llaman el mejor sistema” (Juan Domingo Farnos)

 

En la actualidad donde están apareciendo fenómenos de obertura, inclusión… es cuando esta concepción decimonónica está sufriendo más. Sus grandes llaves y sus “viejos guardianes” van perdiendo sus funciones y se produce un cruce de situaciones con dos posiciones claramente definidas y muy “encontradas”.

 

  1. Los resistentes (reduccionistas) que la quieren cerrar a cal y canto, aislándola de la sociedad “engañando con “subterfugios” para que su planteamiento quede difuminado, haciendo creer que son los más innovadores del mundo (están en todos los saraos imaginables, en congresos, conferencias, …) donde hablan sobre las bonanzas, las buenas prácticas, que ven que están de moda en cualquier lugar, pensando que si lo dicen ellos (los antiguos adalides y guardianes de la universidad y de sus pedagogías), lograrán tener controlados a los que ven la sociedad y la educación de manera diferente ellos y de acorde a los nuevos tiempos y, aunque saben que ya no son los más “inteligentes del lugar”, creen que gritando más, dígase redes, dígase universidades, dígase congresos…conseguirán, por lo menos  confundir a los indecisos, a los confiados y así continuar dentro de su ya denostado cascarón.

 

  1. Los que ven la universidad como un ente que ya ha dejado de poseer el monopolio sobre el conocimiento y el aprendizaje y que a su vez debe ceder su “rol” a los aprendices que ya son capaces de “aprender caminando por si solos”, (Ello significará ceder una parte del control a fin de que los estudiantes se sientan cómodos con ello. Por ejemplo, no van a ser capaces de controlar exactamente lo que hacen los estudiantes en todo y van a tener que ofrecer diferentes vías parar obtener y entregarles contenido, o mejor aún, no saber qué tipo de contenido se buscan ellos mismos… por ejemplo no sólo a través de internet móvil, por SMS o transferencia bluetooth… por dar cuenta de la amplia gama de dispositivos móviles que tienen los estudiantes), que no necesitan ni quieren más espacios cerrados donde realizar sus labores y encima que sean estáticos donde han de realizar su aprendizaje de manera forzosa y decidida por unos cuantos, no por ellos mismos lo que les dirá que han de sacar un título si quieren considerarse ciudadanos de primera.

 

Estos, “los nuevos académicos” (La escuela no puede prepararlos para un futuro contacto con la globalización, sino que, en términos generales, sólo puede reaccionar ante un contacto que ya se ha producido o ya se está produciendo. Desde el punto de vista de los alumnos, primero está el contacto con el mundo globalizado y después está el contacto con la escuela. Pretender invertir los términos es sencillamente una quimera.

En consecuencia, si queremos darle un mejor equipaje cultural a los miembros de las nuevas generaciones (y si queremos proporcionárnoslo a nosotros mismos) el primer frente de ataque no estará en la institución escolar sino fuera de ella, más precisamente en ese terreno difuso pero decisivo al que llamamos cultura. El desafío es cómo desarrollar una nueva sensibilidad, cómo reforzar nuestra capacidad de establecer conexiones entre hechos, cómo modificar nuestras categorías de análisis, de modo tal que la inevitable inmersión en el mundo globalizado no nos hunda en el desconcierto y en la irracionalidad colectiva…. Juan Domingo Farnos)

   Son ciudadanos de a pie, personas que conviven y aprenden en cualquier espacio y tiempo de las diferentes “ciudades digitales”, que ya tienen claro que los viejos roles no existen, que las titulaciones de los alumnos no tienen ni sentido ya que el mundo socio-laboral y tecnificado no las contempla en el futuro de su expansión, pero tampoco como “escudos de armas”, de los docentes que los tenían puestos en un escalofón más propio de temas militares que a personas de la calle.

 

Bien, todo ello conlleva no solo esta transformación evidente si no una predisposición a estar en permanente posición de beta que gracias a este dinamismo permite la transparencia, (La Educación en la diversidad inclusiva no genera dogmatismos, o por lo menos no deja a nadie indiferente, tiene muchos adeptos pero también genera un gran abanico de discrepancias y controversias, acrecentadas por una mayor información gracias alas TIC, transparencia obligada por otra parte que muchas veces incluso no está bien vista, tanto por familias como por docentes de escuelas y Universidades, lo cual sucede muchas veces por causas ·reduccionistas” y poco progresistas, entendiendo aún la Educación como un aspecto apartado del orden de las cosas que suceden en la Sociedad.(Transparencia-Universidad 2.0).
Las TIC que tenemos, las utilizamos de forma natural en toda la sociedad, nos sirven de ayuda para tener un control continuado de evaluación de la calidad de todos los elementos que nos ayudan a relacionarnos y especialmente por su manera de ser de la misma Educación, con lo cual ya no hay excusa para que la inclusividad sea el santo y seña de la misma.

Por eso es tan importante habler clar oy decir que todos los CONTROLES y las REGULACIONES significan poder y por tanto dominio de unos sobre otros, sin mas.

Una vieja universidad cuya característica principalmente siempre ha sido el oscuracentismo de unas normas auto impuestas y muchas veces respetadas por miedos corporativistas que les separaban cada vez más de la sociedad.

 

Amar la universidad sería pues aceptar lo que viene y si es contrario a nuestros posicionamientos dar un paso al lado y dejar que las gestionen otras personas que no serán ni mejores ni peores, si no que sus ideas irán más de acorde a lo que la gente de hoy y de mañana demandan.

 

Naturalmente que aquí se verá reflejada mucha gente, en un sentido o en otro y que muchos lo verán, mejor dicho, no querrán verlo o dirán que todo esto no sucede.

 

Todo es respetable, pero sería bueno para la universidad que la gente que de verdad la ama viviera con ella sin vendas ni perjuicios y entendiera que hasta hoy ha tenido la función que ha tenido durante mil años de existencia en sociedades tal como se han desarrollado en sus diferentes contextos, pero ahora “tocan a arrebato”, hay otra gente que camina a otra velocidad, en contextos no solo diferentes si no transformados, en maneras de estructurarse y funcionar opuestos, incluso podemos hablar de otra cultura y de otros valores, por tanto necesitamos otra manera de vivir y por tanto la nueva universidad será con otra cara y otra manera de hacer las cosas.

 

juandon

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