juandon

timon

En el caos es difícil predecir lo que ocurrirá. 
El cambio es la constante, y planificar no funciona como en condiciones normales. 
No sabemos lo que nos espera y debemos estar preparadas para improvisar. 
Nos ayudará la confianza. Confiar y creer en nosotras.
 Confiar en nuestra capacidad, en nuestros recursos internos y en los de las demás, permaneciendo abiertas y atentas para aplicar los más adecuados en cada situación.

Esta tarde dos compañeros míos Bernabe Soto que ha publicado un excelente post ….

Por: Bernabé Soto Beltrán

“Se nos olvida que las universidades nacieron de la razón, del estudio de la naturaleza en todas sus dimensiones, del ser critica” (Carlos R. Morales)

La era digital, un tanto estática en la actualidad, ha centrado su discurso en atacar a una de las instituciones  mas antigua,  respecto en la creación del conocimiento. Todos los que se formaron en ella, la odian, la critican, la prostituyen y la violan con discursos estridentes. Para mi es una distorsión que a causado la era digital. Y, no es que critique esta era, la cual me disfruto. Simplemente se trata de ver por medios de las acciones la contradicciones del discurso “Estridente” con lo que realmente aportan los críticos. Le añado el poco entendimiento hacia la Universidad Latinoamericana.

Observo que mucho se critica y poco se hace. Cuando se hace un análisis exhaustivo, poco es lo que se encuentra en cuanto a la utilización de medios digitales en procesos de enseñanza. Todo los que se encuentra son Blog de opinión crítica, presentaciones en Power Point, Conferencias (que solo hablan del perfil del conferenciante), Vídeos con mala estructura y otros. Con lo presentado hasta el momento mi me pregunta es la siguiente ¿Cómo es que criticas a la universidad, si realmente no estas aportando o entendiendo el cambio y el concepto?

Una universidad (del latín universitas, universitatis) es un establecimiento o conjunto de unidades educativas de enseñanza superior e investigación (Wikipedia). En cargada de satisfacer las demandas que el estado no ha podido trabajar bien. La universidad actual ha tenido la responsabilidad de preparar a la sociedad para una era industrial que ha dejado de existir con el tiempo. En este caso la culpa es de las naciones que han tratado de perpetuar un sistema caducado, ante una sociedad que se va transformado paulatinamente. Paulatinamente debido a que el cambio no es tan acelerado como algunos expertos nos ha querido hacer ver. Es un elemento de esa distorsión que tanto critico. Vivimos y me incluyo, detrás de un ordenador, sin pensar y conectar con sectores de la sociedad que aun ni tan siquiera tienen los recurso económicos y tecnológicos para adentrarse a una era digital y del conocimiento. Por tal motivo la universidad a mi entender lo esta trabajando bien aun, debido a que llega a esa maza careciente de tecnología y de recursos económicos.

Pero ¿Por qué tanta critica? Le menciono algunas razones:

  1. La universidad les ofreció una mala experiencia de aprendizaje (muchas universidades utilizan métodos dictatoriales).
  2. Los críticos nunca han trabajo en una universidad (esto hace que pocos entiendan el concepto y su propósito).
  3. Trabajan en una Universidad en puestos que nos les satisfacen (empleados con posiciones que no son motivantes, se convierten en críticos).
  4. La distorsión de la era digital (Los que viven conectados, viven en una realidad creada. Se creen que el cambio va rápido. Estos se enajenan de la realidad social).
  5. Las universidades privadas se aventuran a ser mas TIC, que las universidades del Estado (la universidad del estado, pierde terreno por estar perpetuando un sistema de varios siglos, mientras las universidades privadas se aventuran a integrar, aceptar e innovar con las nuevas tecnologías de la información y comunicación).
  6. Solo se critica, nada se hace (discurso vs acción, poca acción en integración de las nuevas TIC, lo que se dice que se debe hacer, no se modela por medio la acción).
  7. Colaborar en una universidad no es lo mismo que pertenecer a ella.
  8. Las Universidades latinoamericanas son muy distintas a las del resto del mundo por las complejidades culturales e idiosincráticas.

Estos son algunas razones de tanta crítica, exhorto a mis lectores que si tienen otras, las compartan.

En Puerto Rico y América Latina he podido ver que el cambio es paulatinamente, pero se esta gestando. A diferencia de Europa, Asia y Estados Unidos que aun intenta  perpetuar el sistema de educación industrializada. En el primer caso (Puerto Rico y  América Latina) he podido ver como universidades privadas se aventuran a estas nuevas posibilidades, sin perder el sentido de ser Universidad (Universal). Observo como poco a poco se han desprendido de modelos y métodos antiguos, para integrar metodologías donde al educando se le permite crear  y demostrar con TIC  hechos o información adquiridos a través de la experiencia  por medio de la educación, la comprensión teórica o práctica de un asunto referente a la realidad, y como resuelve problemas. Recientemente en Puerto Rico se lanzo el Informe:Educación virtual y a distancia en Puerto Rico, donde retrata todas las iniciativas de las que les estoy hablando.

Por último no podemos pretender que un modelo medieval, que ha durado tanto tiempo, cambie de la noche a la mañana. El cambio va como debe de ser, aprendiendo del mismo paso a paso. No podemos permitir que personas inexpertas trastoquen a una institución social, que aun tiene un rol importante en nuestra sociedad. En este aspecto me dirijo a Puerto Rico y América Latina, si no fuera por las universidades que serían de los sectores marginados de nuestras sociedades. Mas aun , dentro de la crisis las universidades en nuestros países, han servido para otorgar las herramientas para que nuestros cuidados se emancipen de las dictaduras, del colonialismo y hasta del imperialismo Estadounidense, Europeo y economías emergentes  de Asia. Es hora de mirarnos a nosotros mismos, aceptarnos y madurar como sociedad Latinoamericana, sin mirar e imitar a los causantes de nuestros complejos y problemas. Nosotros podemos y por lo que observo lo estamos haciendo bien, por una mejor educación latinoamericana y por el cambio que merece tener la universidad en estos días de distorsión.

Aceptemos las cosas como son!!! Es por nuestro bien.

 

Al cual Antonio Delgado ha añadido una serie de comentarios….

Antonio Delgado ¡Mi estimado amigo Bernabé!

Quisiera hacer mis humildes comentarios sobre tu reciente entrada. Me parece que estableces unos planteamientos válidos que merecen profunda reflexión. Ahora bien, creo que hay algunos elementos que deseo aportar:

1) El mundo sí corre a otro ritmo muy diferente. Mientras se van generando nuevos roles sociales y nuevas carreras laborales, la Universidad sigue ofreciendo la misma oferta académica del siglo 20. Eso hace que la universidad se quede atrás:

DATO 1) Los analistas de la firma McKinsey estiman que en 2014-15 habrá más de 924 conjuntos de habilidades/competencias necesarias en el mundo laboral, en comparación con los 178 conjuntos de habilidades necesarios en 2009. Este nuevo conjunto de habilidades NO se practica en la universidad.

DATO 2) En su encuesta de 2012, el Manpower Economist Intelligence Unit, advierte que “para el año 2020 habrá 123 millones de empleos de alta calificación y remuneración disponibles en EE.UU, pero sólo 50 millones de aspirantes tendrán la educación adecuada para ocuparlos”. La universidad prepara a sus egresados para integrarse a un mundo que ya ha dejado de existir. Los egresados aprenden a vivir el momento, no a superar la incertidumbre del siglo 21.

Estamos creando profesionales endeudados con préstamos estudiantiles y sin oportunidades de entrar en el mundo laboral. Esto provoca que nuestra fuerza laboral se vaya de la Isla.

2) La variedad de cursos NO hace universal a la Universidad. Lo que hace verdaderamente universal a la Universidad es la manifestación de las múltiples capacidades de la inteligencia humana. De nada nos sirve tomar tantos cursos si se dictan de la misma manera, en el mismo lugar, a la misma hora, con los mismos recursos y con los mismos instrumentos de evaluación.

3) La Universidad se ha convertido en un centro de consumo y transmisión de contenidos de las Casas Editiroales, cuando lo que debería hacer es generar nuevos conocimientos para resolver los problemas del siglo 21. Por lo tanto, su función de formar ciudadanos integrales sigue fracasando, porque solo unos pocos son los que pueden filanizar exitosamente. La universidad debería ser un Centro de Gestión de Conocimientos, donde sus profesores publican, investigan y diseñan experiencias de aprendizaje que trasciendan las cuatro paredes del aula. Y esto no tiene que ver con tecnología, sino con integración social que es muy poco practicada en los cursos tradicionales.

4) El centro de aprendizaje es el Estudiante. Pero mucho educadores prefieren pararse en sus podios a hablar de todo lo que saben, dejando a sus estudiantes sentados en sus sillas de manera pasiva tomando notas de lo que vendrá en el examen. Memorizar NO es una condición de aprendizaje. Esto desuniversaliza la universidad.

5) El rol de la tecnología educativa es el de complementar lo tradicional con los recursos digitales para extender las capacidades comunicativas, aumentar los niveles de productividad y desarrollar nuevas capacidades cognitivas en el proceso de aprendizaje. Eso no se está haciendo. La mayoría de los educadores integran la tecnología para dar sus clases magistrales y examenes estandarizados en línea. Y eso es lo mismo que se hacía antes sin tecnología. De nada vale invertir tanto dinero en infraestructuras tecnológicas para terminar haciendo lo mismo del pasado.

6) No podemos negar la Universidad sigue teniendo un rol importante para la sociedad. ¡Claro que sí lo tiene! Pero lo que también creo es que lo que se está haciendo por “tradición o costumbre” es verdaderamente irrelevante para las nuevas generaciones.

7) Esto hace que la universidad de 4 o 5 años (bachiller) se convierta en una expectativa de largo plazo para muchos jóvenes de hoy. Por eso vemos que los colegios o institutos técnicos están sacando mejor partida. La unversidad tradicional se ha convertido en una opción para un exclusivo número de personas que cuentan con los requisitos de ingreso.

Me encanta que hayas escrito este artículo para entrar en encuentros dialógicos que nos hagan reflexionar críticamente sobre tus planteamientos expuestos. De eso se trata la educación del siglo 21. Esto NO se hace en la universidad tradicional. Lo hacemos fuera de los bordes con recursos recnológicos que nos permiten ir más allá de los muros que el sistema ha levantado sobre sus alrededores. Así deberían de ser los demás cursos: conversatorios, mesas redondas, laboratorios, espacios comunes de aprendizaje, ágoras, salas de estar, enjambres sociales…

En los cuáles me he atrevido a contextualizar más las ideas enderazando otro interesante post publicado por el mismo Antonio….

Desde los bordes…

Cuando comencé a laborar en el mundo académico en 1999, lo hice pensando en que entraría a la dimensión profesionalizada del desarrollo del conocimiento y la transformación socio-cultural. Entré al sistema con mucho orgullo siguiendo el mismo sendero y los mismos modelos de pensamiento de los grandes mentores que dejaron una huella en mi formación profesional. Estar dentro del sistema universitario me hacía sentir engrandecido por convertirme en un portador del conocimiento con acceso a recursos didácticos de primera, por el uso de herramientas instruccionales sofisticadas, por ser parte de proyectos educativos innovadores y por tener acceso a bases de datos especializadas que muy pocas personas podían manejar. Fungir como profesor me hacía sentir como un miembro de la sociecad intelectual que contribuía desde el aula a mejorar la calidad de vida de nuestra sociedad.

Estar dentro del sistema representaba un privilegio que muy pocas personas podían tener en su vida profesional. Solo tenía que cumplir con los estándares de acreditación, rendir a tiempo los informes, seguir los objetivos curriculares al pie de la letra, apoyar las actividades departamentales e institucoinales, cumplir cabalmente con las instrucciones de mis superiores y brindar una atención de primera a la comunidad universitaria. Mi gran sueño era alcanzar la permanencia en el sistema para asegurar mis horizontes de jubilación como los demás lo habían hecho en el pasado.

Después de quince años laborando en diferentes sistemas educativos (DEPR, Sistema UPR y Sistema Universitario Privado) me he dado cuenta de que las cosas siguen estando en el mismo lugar donde las dejé. Puede que haya cambiado una que otra miscelánea estética, uno que otro personal docente o administrativo. Pero el sistema educativo per sé sigue operando bajo los mismos parámetros institucionales y socio-culturales, con la misma estructura jerárquico-piramidal, los mismos reglamentos y procedimientos (con muy pocas variantes), los mismos departamentos, la misma oferta académica con sus mismos currículos, las mismas estrategias metodológicas, la misma escasez de recursos, los mismos entornos de aprendizaje y las mismas estrategias de evaluación. Es decir, desde adentro todo sigue operando igual que antes…

En el siguiente gráfico comparto mi experiencia vivida dentro y fuera del contexto educativo tradicional. Lo que aparece dentro del círculo representa el centro y lo que está fuera es la dimensión socio-tecno-pedagógica virtual:

Estar afuera me ha permitido ver el mundo real desde múltiples perspectivas socio-culturales, empresariales, económicas, políticas, científicas, tecnológicas y pedagógicas. La universidad se ha quedado anclada en el anacronismo del siglo 20 que no le permite avanzar hacia nuevas formas del conocimiento conectado. En el exterior he desaprendido los viejos habitos pedagógicos y he comenzado a adoptar nuevas formas de hacer educación completamente diferente a lo establecido por décadas. Desde afuera me he dado cuenta que tengo el deber de actualizarme constantemente y de participar en diversidad de proyectos educativos transnacionales. El conocimiento de hoy será obsoleto mañana, puesto que en cada momento evoluciona, transforma, transfigura y transmuta. La dimensión virtual se ha convertido en mi trabajo de tiempo completo y la dimensión presencial es solo un trabajo de tiempo parcial. Adentro estoy sometido a tareas rutinarias, pero afuera mis tareas adquieren diversidad de valores. Lo que hago afuera está en constante movimiento. Lo que hago adentro, se queda ahí y muy pocos tienen idea de lo que soy capaz de hacer con diversidad de personas.

Mi PLN desde Vizify

Realmente, no se necesita construir un aula para aprender lo novedoso, lo que más nos apasiona. Mi aula está representada por la imagen de la izquerda donde aparece parte de las personas con quien aprendo lo que realmente me interesa. Ahora mi objetivo personal no está centrado únicamente en aprender contenidos, sino en ampliar mis capacidades de desaprendizaje y reaprendizaje para adaptarlos a lo que está por venir. Mi Red Personal de Aprendizaje (PLE) comparte contenidos abiertos, recursos digitales, herramientas emergentes, aplicaciones móviles y eventos tecno-educativos en tiempo real. Así es, mi sengundo trabajo es estar conectado para participar en diversidad de proyectos tecno-educativos. Desde los bordes sostengo interesantes conversaciones con diversas personalidades, me invitan a participar como expositor internacional y soy como cualquier otro aprendiz social al que le apasiona estar al tanto de los últimos avances de la era. El Aprendizaje Continuo de las redes se mueve mucho más rápido que la Educación Continua de las Universidades.

Mientras en el sistema educativo opera deficientemente con millonarios presupuestos dirigidos a mejorar la educación, en las redes se opera efectivamente con muy pocos fondos y personal para lograr el aprendizaje hiperconectado, el empoderamiento y la participación social. Cada participante pone su tecnología para el fortalecimiento de la red. Los educadores se reconocen por sus logros, no por sus títulos académicos obtenidos. De nada sirve distinguirlos como doctores, catedráticos o managers, sino que se reconocen por los proyectos tecno-educativos en los que están inmersos. En los bordes la construcción del futuro comienza desde ahora, pero en el centro están sujetos al calendario académico. La cosmovisión de futuro se desvanece porque la cultura universitaria se ha acostumbrado a planificar el día a día y no a construir los nuevos diseños de la arquitectura milenial.

La universidad se ha dejado llevar por la mercantilización educativa dedicada a la venta de sueños y no a propicionar nuevos horizontes de oportunidades reales. Se preocupa más por cumplir con los estándares de acreditación que por la formación de profesionales capacitados para atender de cerca los problemas más apremiantes. Cuando esos funcionarios extrangeros llegan a inspeccionar las instalaciones y a evaluar los informes redactados, hay que tratarlos como si fueran dioses del olimpo. La universidad tiene que costear los pasajes aéreos y la estancia de los funcionarios en lujosos hoteles. Los informes se tienen que someter bajo las estrictas restricciones de los organismos acreditadores, descartando toda posibilidad de flexibilidad en la redacción de los mismos. Ese es el momento en que comienzan a verse los cambios cosméticos, pues lo que antes estaba abandonado, ahora se ve limpio y acabado de pintar. Lo que antes estaba averiado ahora hay que avanzar a repararlo para que la visita lo vea todo en perfectas condiciones. Así es que se acreditan gran parte de las instituciones educativas: clasificando con excelencia lo que verdaderamente ha estado en decadencia…

Ya no existe seguridad alguna dentro del sistema. El trabajo permanente está en vías de extinción. Ya no se vislumbra el retiro por edad o años de servicio en una institución universitaria. Ya no llama la atención ser parte del establishment que opera para tratar de sostener la oxidada estructura burocrática educativa. Los futuros profesionales no aspiran a hacer las mismas tareas durante 30 o 40 años laborales. Muchos quieren moverse de un lado hacia el otro participando en diferentes proyectos de aprendizaje.

La formalización del sistema educativo se ha convertido en un negocio lucrativo para los inversionistas que disfrutan de los grandes éxitos del fracaso social. Operan con millonarias partidas de dinero que se diluyen entre los altos salarios de los funcionarios gerenciales, mientras los educadores y estudiantes sufren los embates de la escasez de recursos y la decadencia de la infraestructura física y tecnológica. El objetivo de trabajar para sostener al sistema está desmotivando significativamente a muchos profesionales. Es tiempo e comenzar a refundar un organismo diferente basado en las caraterísticas que distinguen a la modernidad líquida del siglo 21. Desde afuera ya se están construyendo los nuevos cimientos para hacer una nueva educación articulada a la altura de los tiempos. Ya no solo se habla del siglo 21, sino que en algunos países se están preparando para la Educación del Siglo 22.

Ya no es confiable la estructura del sistema que tanto alardea de sus procedimientos y canales para cumplir con sus obligaciones sociales, académicas y administrativas. Hemos visto con nuestros propios ojos cómo algunos compañeros (docentes y no docentes) tienen que pasar por los rigurosos procedimientos para cumplir con las condiciones de ascenso creadas por la institución. Más sin embargo, unos pocos privilegiados llegan de paracaidas saltando méritos y con beneficios que a otros les ha tomado largos años para alcanzar. La igualdad resulta ser más para unos y menos para otros. Y eso deja mucho qué decir de una institución educativa que presume su acostumbrado estribillo de excelencia.

Los que laboran desde afuera no compiten por posiciones jerárquicas, porque ellos realizan sus actividades a partir de roles evolutivos. Su finalidad es la de alcanzar la excelencia personalizada desde la diversidad de proyectos que fortalezcan las relaciones entre las personas. De lo que se trata es se superar las deficiencias personales de cada participante. En los bordes se trabaja para incluir a más personas y no para excluirlas o segregarlas. Desde afuera las personas se mueven a su propio ritmo sin someterse a turnos fijos de trabajo. Cada cual se menciona por su nombre (o avatar) y no por sus títulos académicos. Lo que más cuenta es lo que se es capaz de hacer con lo que se sabe y no con lo que se posee. Todos miran el aprendizaje de las personas como un camino a recorrer y no como un fin para complacer a los organismos acreditadores. Desde afuera no se necesitan personas con títulos ni cargos gerenciales que vengan a administrar, dirigir, supervisar o coordinar las actividades tecno-educativas. Se necesitan voluntarios apasionados dispuestos a trabajar con grandes desafíos de la diversidad. Todos los integrantes ya saben el trabajo que tienen que hacer de manera independiente. No necesitan un superior que esté detrás dictando órdenes a quienes saben lo que tienen que hacer. Un líder que cobra un jugozo salario por firmar documentos, pedir informes mensuales, delegar instrucciones y autorizar cada trámite realizado por sus subordinados. Líderes de afuera influyen a otros para formar parte de proyectos, movimientos o causas. Las personas los siguen por sus propias motivaciones personales. Son los que promueven el trabajo colaborativo individual que forma parte de toda la red.

Liderar la educación es completamente diferente. Se basa en tener la capacidad para gestionar actividades, influenciar a otros y promover el funcionamiento de las cosas. Los educadores deben concienciarse de que esta vocación no es para convertirlos en los Bill Gates de la Pedagogía. Todos son profesionales en  iguales condiciones formando parte de una extensa red de colaboradores comprometidos con el crecimiento y desarrollo de las personas que genuinamente desean aprender. En el sistema las plataformas de gestión de aprendizajes (LMS), los programas de ofimática y el correo electrónico se imponen como los recursos tecnológicos institucionalizados, pero en los bordes los educadores se apropian mayormente de la abundancia de recursos, herramientas y apicaciones que permiten aumentar los niveles de productividad cognitiva y extender las capacidades comunicativas de todos sus miembros. Las líneas que separan a los que aprenden de los que enseñan están desdibujadas, porque la filosofía está basada en que se aprende más trabajando y se trabaja mejor aprendiendo (Learning is Work).

En el aula se realizan investigaciones, proyectos y experiencias de aprendizaje significativas. Pero gran parte de esos proyectos se califican y terminan en el bote de la basura sin trascender las cuatro paredes del aula. El proceso de evaluación termina con la calificación final. Los avances en conocimiento y hallazgos encontrados que pueden servir de utilidad a la sociedad se quedan enclaustrados en una polvorienta oficina en espera de que pase la fecha para la reclamación de notas.

En los bordes la cosa es diferente. Los proyectos son compartidos con la comunidad educativa global. Los aprendizajes recorren confines jamás imaginados al promover sus proyectos digitales. Los estudiantes se sienten parte importante de la sociedad al ser reconocidos por sus avences, progresos y superación de sus limitaciones personales. Sus trabajos son exhibidos en Facebook, Twitter, Google +, LinkedIn, Slideshare, YouTube y otras plataformas. Eso es precisamente lo que la univerdidad tiene que hacer con los proyectos de sus estudiantes. No se puede justificar inversión tecnológica alguna si no se exhibe lo que los estudiantes son capaces de hacer con los recursos tecnológicos para crear redes de aprendizaje social.

La ciudadanía digital, el gráfico social, la conciencia ciudadana global, los derechos de autor, la netiqueta y los diversos alfabetismos son practicados de manera natural en las diferentes actividades. No es necesario producir documentos estandarizados, normáticos o reglamentarios para que los miembros de la comunidad se adapten al organismo en red. Tampoco lo es crear cursos dirigidos por educadores para aprender a ser profesionales digitales.

Las maneras en que se realizan los proyectos son más flexibles y no tienen por qué ser tan formalizados o estructurados. Los participantes tienen la libertad de entrar y salir cuando deseen. No tienen por qué atarse a una comunidad en específico. Pueden formar parte de diferentes redes de práctica en distintos momentos. En muchas ocasiones se continúa conversando y compartirendo recursos de aprendizaje auque haya terminado el evento. Cosa que no pasa en el aula cuando se finaliza el ciclo académico. Todo proyecto, discusión o vínculo social queda completamente desconectado.

En  los bordes se generan discusiones interesantes de manera evolutiva. Cualquiera puede participar para exponer puntos de vista, recursos de conocimiento distruibuido, experiencias e ideas innovadoras. No hay currículos a seguir, no hay plataformas impuestas, no hay escasez de recursos. Lo que hay es una plétora de tecnologías convergentes que permiten generar nodos de conocimiento en diferentes formatos de representación.

En las afueras se da el fenómeno de contar con una familia extendida. Son los primeros buenos días que se reciben en el móvil, tableta o computadora de escritorio. Están en todas partes y a cualquier hora. Son los profesionales que constantemente comparten sus redes de conocimiento sin esperar nada a cambio. Con ellos se aprende diversidad de cosas nuevas todos los días. El móvil tiene la capaciadad de emitir constantes avisos cada vez que uno de ellos publica algo en las redes. Los tonos se convierten en distintivos para reconocer de qué aplicación se comunican. De este estamos coectados con ellos en cualquier momento, en cualquier lugar y desde cualquier dispositivo.

Ciertamente, los mejores proyectos disruptivos se dan fuera de los centros. Otros organismos privados se aprovechan efectivamente de las limitaciones del sistema universitario para desarrollar programas innovadores de capacitación profesional. Jornadas, residenciales, congresos, cumbres, conferencias y talleres prácticos son la orden del día. Los que están afuera saben que el target donde hay mayor demanda son los profesionales aspirando a grados, post-grados,  empleados desplazados que necesitan readiestrarse, y profesionales que necesitan re-certificarse en sus áreas de especialidad. Los estudiantes provenientes de escuela superior ya no representan el único centro de atención de los institutos de educación superior.

El sistema universitario se pierde la magnífica oportunidad de generar ingresos con la infraestructura tecnológica y capital intelectual disponible. Dichos programas aliviarían significativamente su deteriorada economía. Pero como su personal docente y administrativo no quiere salir de su burbuja de comodidad, tendrán que sobrevivir como puedan en medio del colapso del sistema. Ellos seguirán hollados en las mismas prácticas de enseñanza con algunos aires propios de nuestro tiempos sin tener grandes efectos. La universidad tiene que aprender a generar sus propios ingresos y dejar de depender de los grants federales y los recaudos del gobierno central para convertirse en una sistema verdaderamente autónomo. Mientras siga operando como una entidad dependiente, seguirá sometida a las determinaciones del gobierno y los organismos externos que otorgan ayudas económicas.

Hay que estar adentro para ver cada cosa que se da en un entorno educativo dedicado a formar futuros profesionales. Resulta desconcertante ver cómo el sistema para el que uno labora con tanto esmero se va desmantelando en pedazos. Mientras tanto, otros cimientos se están edificando con vías de cumplir con las necesidades, intereses y preferencias de una nueva sociedad. Los de afuera lo están logrando. Solo hay que salir del centro para apreciar lo que muchos otros están configurando en la dimensión digital. Proyectos multi-latitudinales se están destilando y solo los que den el salto de adentro hacia afuera podrán beneficiarse de una riqueza que trasciende todo el centro económico, jerárquico y burocrático del sistema de poder.

Este no es el momento de conducir investigaciones para analizar cuál es el impacto de la tecnología en el contexto educativo. Es momento de diseñar proyectos educativos disruptivos dirigidos a deslocaliar el aprendizaje de las sociedades. Y por lo visto, los que participan en los bordes son quienes están sacando provecho de la educación del siglo 21. Desde adentro el futuro del aprendizaje está anclado en el pasado. Desde afuera se descoloniza el saber y se reinventa el poder de las personas que quieren aprender de manera distribuida. Se conforma una nueva ecología de saberes expandiendo el conocimiento sobre nuevas líneas globales…

Tú decides dónde quieres hacer más por la educación del nuevo milenio, en el centro o en los bordes…