Archivos diarios: 20/09/10

LA CULTURA DIGITAL NATURAL (invisible) ACABRÁ CON LAS BRECHAS…

Si bien la Brecha Digital, es una cuestión de ámbito político y social que refiere a la diferencia socioeconómica entre las comunidades que disponen de acceso a las nuevas tecnologías y las que no y tiene su importancia, también es importante conseguir que esta “cultura digital” lklegue a ser NATURAL, lo que algunos quieren nombrar como INVISIBLE, de esta manera las Brechas se caerán por su propio peso.

Los motivos principales podrían ser:

- Carencia de conectividad física.
Ejemplo: zonas rurales, barrios degradados, suburbios, etc.

- Una cuestión de mentalidad.
Barreras mentales creadas por las propias personas, miedo a la innovación…
Ejemplo: Hombres y mujeres de la tercera edad.

- Motivos económicos.
Falta de recursos
Ejemplo: Países subdesarrollados

- Motivos tecnológicos, diferencias de lengua, diferentes necesidades, inadaptación, etc.

ALFABETIZACIÓN DIGITAL
La alfabetización digital es un proceso educativo, de formación continuada, en el que las personas incorporan a su actividad habitual nuevas maneras de hacer las cosas, convirtiéndose en agentes activos de su propio desarrollo, sumándose, de este modo, a un nuevo modelo de sociedad.

Tan importante como fue en su momento aprender a leer, es hoy saber utilizar un ordenador, navegar por Internet, enviar correos electrónicos o utilizar el teléfono móvil.

A través de los Dinamizadores Digitales se ayuda a crear un interés personal, se consigue una motivación mayor y una mayor receptividad a la nueva información.

DINAMIZACIÓN DIGITAL
La tarea social del Dinamizador digital consiste en llevar a cabo acciones formativas de alfabetización digital orientadas a paliar las necesidades socio-tecnológicas de las personas, contribuyendo, con ello, a la lucha contra la fractura digital y, consecuentemente, aportando en favor de la inclusión social a través de la inclusión tecnológica.

LA INNOVACIÓN, ES TAMBIÉN COSA DE LOS DOCENTES


Existe un acuerdo generalizado sobre la importancia de la innovación y de la investigación producida en los contextos de la institución escolar llevada a cabo por los directivos y los profesores, así como sobre la necesidad de desarrollar competencias para estas dos labores en los procesos de formación inicial y permanente.

Desde la perspectiva de la formación del profesorado, también se ha insistido en la preparación para adelantar innovaciones y desarrollar investigación. El último informe de la unesco sobre la educación, coordinado por Delors (1996), reconoce que «dada la importancia de la investigación para el mejoramiento cualitativo de la enseñanza y la pedagogía, la formación del personal docente tendría que comprender un elemento reforzado de formación en investigación»

Si bien existe un amplio acuerdo acerca de la importancia de la investigación educativa y de la necesidad de formar a los profesores en procesos de innovación e investigación, no parece que haya consenso acerca del significado del conocimiento generado por los docentes para la construcción de teorías y la orientación de políticas de carácter macro. Mientras aquellos que están más cerca del mundo escolar consideran de vital importancia los aportes derivados de la escuela, quienes tienen la responsabilidad de la política parecen no estar interesados en utilizar el saber y la experiencia generados por el trabajo en el nivel micro; así mismo, se observan notables distancias entre los investigadores de la pedagogía y los que hacen investigación sobre la educación desde otras disciplinas. Estas diferencias sobre el significado de la investigación y de la innovación generadas por los profesores, se pueden entender mejor si se explicitan algunas posturas frente a la educación, la escuela y el maestro, las cuales revelan no sólo distancias conceptuales sino intereses distintos

Una concepción centrada en la escuela como transmisora del legado cultural obedecía a unas épocas en las que el saber circulaba fundamentalmente por medio de los maestros; eran ellos quienes hacían posible una aproximación a las claves que permitían la lectura y la escritura, así como el acceso al libro tanto en su apropiación como en su producción. Además, a muchas escuelas el libro no llegaba y la única fuente de saber era el maestro y, aunque en las escuelas de los lugares más apartados de nuestros países esta es todavía una realidad, en la gran mayoría de nuestras escuelas (75 por ciento urbanas), las condiciones son diferentes, pues los medios de comunicación han invadido prácticamente todos los rincones y con ellos no sólo llegan banalidades, sino maneras de ver, oír, sentir y pensar el mundo.

Las expectativas de los estudiantes y los nuevos escenarios en los que se desarrolla la práctica docente empujan a cambios en los papeles de los profesores. La función de enseñante, como lo denominan algunos autores, ha dejado de ser el papel central del maestro, quien debe aprender a convivir —y a veces a competir— con los medios de comunicación y con las nuevas tecnologías que han incursionado en las vidas de los jóvenes e inciden en ellas con sus modelos, mensajes y propuestas. Muchas veces los profesores manifiestan extrañeza o aversión a estas ‘realidades virtuales’, posición que abre una inmensa brecha generacional y dificulta el encuentro y la comunicación, fundamentos de cualquier pretensión educativa.

La educación es parte de la esencia social y corresponde a las diversas agencias educadoras construir en cada época y en cada lugar su propia identidad, la cual se define entre la continuidad y la ruptura, y entre la existencia propia y su sentido social. La escuela, tan cuestionada hoy, requiere con urgencia que sus actores, en diálogo con otros agentes sociales, busquen y construyan nuevos sentidos y funciones sociales. La puesta en marcha de mecanismos concretos con altos niveles de exigencia que regulen la dedicación de los profesores a proyectos de innovación e investigación, acompañados de un ejercicio real de la autonomía escolar, las facilidades para que los docentes accedan a educación de alto nivel, el reconocimiento académico, profesional, social, económico y laboral de la producción de conocimiento educativo y pedagógico, son condiciones para que la escuela no desaparezca y para que los docentes lideren sus cambios.

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