Las TIC, por sí mismas, no constituyen metodología ni mejora en los procesos de enseñanza-aprendizaje y, por lo tanto, deben ser integradas en un modelo didáctico coherente al que aporten elementos diferenciales y significativos desde el punto de vista cualitativo. Lo contrario supone, a todas luces, dedicar valiosos recursos a cuestiones que añaden muy poco a la calidad de la formación.

Si consideramos la dimensión conceptual del e-learning , podríamos afirmar que ha corrido pareja a la evolución de las tecnologías sobre las que se sustenta, desde meros repositorios de información digitalizada hasta verdaderos entornos interactivos de comunicación y colaboración.

De cualquier forma, es bastante evidente que la tecnología modifica nuestra forma de pensar y nuestras posibilidades de actuación. Así, la aplicación de elementos tecnológicos a las aulas y talleres depende, entre otros, de factores críticos como la existencia y disponibilidad de dichas tecnologías, la familiaridad de alumnos y profesores con ella, o la existencia o capacidad para crear recursos adecuados, por poner tan solo algunos ejemplos.

Cabe destacar que la evolución que referimos en este apartado no supone etapas estancas y que los modelos que comentamos, pese a todo, continuaron conviviendo con otras modalidades de formación como la enseñanza presencial y la enseñanza a distancia.

El auge del e-learning en los años 90 supuso la traslación de un modelo de corte tecnológico (en el sentido didáctico del término) hacia plataformas concebidas como repositorios de materiales, de donde el alumno recogía la documentación del curso en formato electrónico, la imprimía y, en el mejor de los casos, después de estudiarla realizaba una prueba de evaluación. Según la institución promotora, el alumno contaba además con un tutor a distancia y diversas herramientas asíncronas que estaban claramente infrautilizadas por regla general.

Hay que considerar cuidadosamente algunos condicionantes como la conectividad limitada, mediante módem analógico o RDSI, de ínfima velocidad y ancho de banda en comparación con las actuales líneas DSL. Por otro lado, el perfil del alumno que accedía a estos primeros cursos con posibilidad de superarlos era medio-alto, lo que se explica fácilmente a la luz de los elementos expuestos hasta ahora.

El e-learning , sin embargo, ha estado sujeto a problemas más abyectos que los meramente derivados de la tecnología disponible y los modelos tecnológicos aplicados. Me refiero claramente a las cuestiones relativas a la impartición de estos cursos en entornos más orientados a gestionar y ejecutar fondos de formación, donde ha primado la rentabilidad sobre la calidad.

Es erróneo, por tanto, pensar en el e-learning como la forma de llegar a más alumnos con los mismos contenidos y recursos, como sustitución de cualquiera de los elementos de acto didáctico o los actores de la formación.

Resulta conveniente resaltar que disponer de un repositorio multimedia puede enriquecer la labor docente al dotar de un conjunto de recursos que permiten ampliar, profundizar o individualizar la enseñanza. (reutilización y retroalimentación, propios de E-LEARNING-INCLUSIVO)

Se abre un nuevo mundo de posibilidades con: la irrupción del paradigma Web 2.0, que concibe la Red como plataforma de servicios; los frutos del movimiento por el software libre no solo en la vertiente de sistemas operativos como Linux sino también en el desarrollo de múltiples plataformas de teleformación como la famosa Moodle; y el auge de corrientes que consideran la formación procesos de comunicación e interacción entre los distintos actores de la formación y sus contenidos.

En primer lugar, se rompe la dualidad distancia-presencia al establecer modalidades mixtas de formación. Este enfoque blended permite contar con un soporte multimedia mientras se llevan a cabo las clases presenciales, y tener contacto y referencia presencial cuando el proceso es a través de una plataforma de teleformación.

La flexibilidad que puede aportar al proceso de enseñanza-aprendizaje es ciertamente interesante.
Por otra parte, los avances tecnológicos propios del paradigma 2.0 nos acercan cada día más a un enfoque cuyo proceso de enseñanza-aprendizaje puede ser ubicuo porque facilita la comunicación.

Un aspecto absolutamente crítico se refiere a la forma de actuar de los humanos con la tecnología. Hasta hace no tantos años, en plena «era de las máquinas», el conocimiento de las interioridades de los sistemas tecnológicos era una condición imprescindible para su uso. Hoy, sin embargo, los avances en las interfaces han producido el auge del 2.0, o de tecnologías amigables y transparentes para el usuario aunque conozca muy poco lo que las hace funcionar. Es el caso de las conocidas «redes sociales», en pleno proceso de expansión.
Es innegable que la tecnología tiene una importante influencia en la cognición y el procesamiento de la información de los individuos. En el caso de las TIC, cada vez somos menostextuales y más audiovisuales, lo que implica, como correlato negativo, una mayor tendencia a la inmediatez y la superficialidad en el tratamiento de la información. Sin embargo, en la parte positiva podemos disponer de más códigos para adecuarnos a distintos tipos de estilos de aprendizaje, lo que posibilita, siempre en manos de docentes profesionales y competentes, un mayor abanico de posibilidades didácticas.

Lo que conocemos como «formación para el empleo» participó siempre, al menos de forma teorética, del clásico concepto de Dewey: «aprender haciendo». Sin embargo, esta intención no debería quedar relegada a los componentes netamente prácticos de la formación como el desempeño en taller o las prácticas del curso. La actividad, la interacción y la diversidad metodológica deben ser la base de cualquier tipo de actividad formativa

Podemos afirmar que, adecuadamente implementadas dentro de un diseño didáctico coherente y en manos de docentes competentes, las TIC, al complementar y aportar recursos, pueden aportar beneficios significativos a la formación de base.

La Red supone una vasta fuente de todo tipo de recursos para la impartición, pero ¿hasta qué punto podemos considerar estos recursos y tecnologías elementos motivadores en la formación de base?
Evidentemente, tal y como ya hemos indicado, las tecnologías, plataformas, conexiones, multimedia y demás elementos por sí solos no resultan motivadores salvo por el argumento de la novedad, pero esto es algo ciertamente exiguo y pasajero. Por lo tanto, es necesario disponer de un modelo didáctico coherente, necesariamente basado en la interacción y la comunicación.

Un determinado entorno de aprendizaje solo será motivador en tanto que se adecue a las características cognitivas de los alumnos y sea capaz de sumergirlos en el proceso de enseñanza-aprendizaje.
Las ideas de familiaridad con las TIC y la introducción progresiva de medios y recursos ya han sido recogidas en Jiménez González (2008).

Dependiendo del nivel de los alumnos y su familiaridad con la plataforma o sistema empleado, será conveniente permitir la interacción directa o, por el contrario, mediada a través del profesor, que administrará los recursos digitales y los pondrá a disposición de los alumnos de un modo accesible.
Esta idea implica que no es necesario un complejo entorno de aprendizaje virtual cuando en una herramienta más sencilla, de tipo blog , pueden estar recogidos los recursos que ha de emplear el profesor así como los trabajos de los alumnos.

Desde este punto de vista, el diseño de la formación debe ser especialmente sensible no solo a la lógica interna de los contenidos, sino también a su selección y secuenciación, teniendo en cuenta la estructuración de los materiales y la introducción progresiva de actividades de mayor dificultad.
Del mismo modo, hay que planificar los recursos on-line disponibles y el grado de apoyo o ayuda que representan para el alumno.

http://www.uib.es/depart/gte/edutec-e/revelec1/revelec1.html