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La primera en divulgarlo fue UNE. La compañía paisa, que el año pasado recibió la autorización del Gobierno para prestar el servicio de telefonía celular, anunció la llegada a Colombia de la cuarta generación (4G) de telecomunicaciones. Unos pocos meses después, tanto Comcel como Tigo replicaron el mismo mensaje en los medios. Así, de la noche a la mañana, y sin entender muy bien cómo, los colombianos amanecieron con un mejor servicio en sus teléfonos móviles. Pero mientras las propagandas se multiplicaron, las quejas sobre la lentitud del servicio y la velocidad de conexión se volvieron más evidentes en las redes sociales. Una protesta legítima, con una explicación repleta de tecnicismos. Básicamente, el negocio de la telefonía móvil de hoy se basa en voz (llamadas) y datos (mensajes de texto, aplicaciones, navegación por la red, etc.). Y para hacer posible que un usuario se comunique con el mundo desde su dispositivo móvil, es necesario implementar equipos, antenas y redes de transmisión. Hacia 2008, Comcel revolucionó el mercado local cuando trajo la tecnología High Speed Packet Access (HSPA), que permitía en su momento una conexión inmediata en términos de voz. Sus competidores decidieron no quedarse atrás y, a medida que aparecían los primeros teléfonos inteligentes, tanto Movistar como Tigo (y el mismo Comcel) implementaron redes que brindaban mejor velocidad de acceso, como HSPA Plus (Evolved HSPA), la cual fue promocionada, en sus orígenes, como 3.5G. El negocio vivió una auténtica explosión. En sólo un año, entre el tercer trimestre de 2010 y el mismo período de 2011, los abonados pasaron de 43,4 millones a los actuales 47,7 millones que adquirieron equipos con sistemas operativos Android, que chatearon tras compartir un código numérico y descargaron miles de aplicaciones a bajo costo.
Via www.aciem.org
Los matices del 4G La cuarta generación ha llegado a Colombia, pero la realidad es muy diferente a lo que los operadores promocionan
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